Y llegó Noviembre.

Para algunas personas es la cuenta atrás para Navidad y sienten esa felicidad extrema por vivir esta época del año, para otras la cuenta atrás para que pase Navidad, porque, de forma contraria vivir estos momentos se les torna complicado. Para mí, es un mes que quiero que pase, o no…

Yo ahora tendría que estar con una barriga de casi 9 meses de embarazo, el día 13 era mi fecha probable de parto, pero el caprichoso día 27 de abril quiso que mi mundo se parara con ese “no hay latido”. Ahora tendría que estar imaginando tu carita, contando los días para conocernos, sentir que se acercaba el momento de tenerte entre mis brazos y no, en cambio, preguntándome cómo habría sido todo si las cosas hubieran sido diferentes. Pero no estás.

De repente tuve que decir adiós a todos los abrazos que tenía preparados para ti, adiós a todos los planes que teníamos pensados para los cuatro, adiós a los abrazos de tu hermanita que tantas ganas tenía de que llegaras, adiós a todo lo bonito que nos quedaba por vivir.

Este mes tendría que haber estado lleno de ilusión, de preparativos, de nervios, de felicidad y ahora solo viene cargado de una ausencia que duele, duele mucho.

Porque sí, desde ese 27 de abril mi vida ya no es la misma, mi mente no es la misma y, por desgracia, siento que nadie de mi alrededor puede comprenderme al 100%. Cuesta muchísimo aceptar que el tiempo sigue pasando, que el calendario avanza de forma inevitable, que la vida continúa para todos mientras yo sigo echando de menos a alguien a quien nunca pude conocer. Y esto, quizás le suene raro a quien lo lea pero sí, se puede echar de menos a alguien que ni siquiera has conocido, aunque yo sí escuché tu corazón latir aunque fueran solo unos minutos, yo si te vi en las primeras ecografías.

Y sí, también se puede llorar por los abrazos que nunca llegaron, por las primeras veces que nunca existieron y por todos esos futuros que se quedaron en mi imaginación y que se esfumaron de repente.

No sé si algún día dejará de doler de esta manera, pero aunque suene frío y cortante, no quiero que nadie me diga que tengo que pasar página, que ya habrá otra oportunidad (porque muchos no saben lo que costó conseguirlo ni todo lo que detrás), o que todo ocurre por alguna razón. No necesito explicaciones. Necesito poder sentirlo, recordarte y echarte de menos. Y, aunque nadie más pueda ver ni sentir este hueco, yo sé que existe.

Te esperaba. Ya te quería. Y siempre habrá una parte de mi ser que se preguntará cómo habría sido conocerte.

⸻

Desde Teratuti: acompañar también es respetar el dolor

El duelo gestacional es una experiencia que, con demasiada frecuencia, sigue viviéndose en silencio. A veces, el entorno no sabe cómo acompañar una pérdida que no ha podido conocer, ver o abrazar. Pero que otras personas no hayan llegado a conocer a ese bebé no significa que no haya existido un vínculo, una ilusión o un proyecto de vida compartido.

La pérdida no se limita al embarazo. También puede implicar despedirse de un futuro imaginado, de las primeras veces, de los planes familiares y de una maternidad o paternidad que ya había comenzado a construirse emocionalmente.

Hay fechas que pueden intensificar ese dolor: la fecha probable de parto, los aniversarios, las celebraciones familiares o los momentos en los que la vida recuerda lo que podría haber sido.

No hay un tiempo establecido para el duelo, ni una manera correcta de vivirlo. Tampoco siempre hacen falta consejos, explicaciones o palabras de ánimo. A veces, acompañar significa escuchar, reconocer la pérdida y permitir que esa persona hable de su bebé sin intentar cambiar de tema o aliviar rápidamente su tristeza.

El acompañamiento psicológico especializado puede ser un recurso valioso cuando la persona lo necesita, pero sentir dolor, recordar o echar de menos no significa estar viviendo el duelo de forma incorrecta.

Gracias, Lupe, por compartir una historia tan íntima y por poner palabras a una ausencia que muchas familias conocen, pero de la que todavía cuesta hablar.

Porque hay bebés que no llegaron a nacer, pero que siempre tendrán un lugar en la historia de quienes los esperaban.