Ser terapeuta ocupacional me cambió la forma de vivir (no solo de trabajar)

Un domingo por la tarde, tumbada en el sofá sin hacer “nada productivo”, me sorprendí pensando: ¿debería estar haciendo algo?

Ese pensamiento lo reconozco. Lo he escuchado mil veces en consulta. Y sin embargo ahí estaba, instalado también en mí.

Lo que la TO me ha enseñado es que el descanso no es la ausencia de ocupación: es una ocupación. Tiene una función restauradora que el cuerpo y la mente necesitan igual que necesitan moverse o crear. Cuando lo entendí de verdad, dejé de negociar con esa culpa y empecé a defender ese sofá del domingo (o de cualquier otro día) como lo que es: tiempo necesario, no tiempo perdido.

Una lente que ya no se quita

Cuando estudié Terapia Ocupacional, nadie me avisó de que acabaría siendo incapaz de mirar mi propia vida sin lente ocupacional.

Y no, no me refiero a aplicar protocolos en casa ni a evaluarme con escalas funcionales al terminar cada día. Me refiero a algo que pasa más desapercibido y es más profundo: una manera distinta de habitar lo cotidiano.

Uno de los pilares de la Terapia Ocupacional es la idea de que las actividades que realizamos no son neutras, pues tienen significado. Dan forma a quiénes somos. Y eso, que parece una afirmación teórica cuando lo lees en un manual, se vuelve muy concreto cuando lo interiorizas de verdad.

Antes de formarme, hacía cosas. Ahora me pregunto qué me aportan. Cocinar dejó de ser una obligación para convertirse en un ritual de desconexión. Retomar la lectura después de años sin hacerlo no fue solo llenar el tiempo libre, sino recuperar una parte de mi identidad ocupacional que había dejado aparcada.

No lo analizo conscientemente cada vez. Pero el filtro está ahí.

El descanso también es ocupación

Durante años, el descanso me generaba cierta incomodidad, esa sensación de estar “perdiendo el tiempo”. La formación en TO me dio argumentos para desterrar esa idea. El equilibrio ocupacional no es un lujo ni un ideal inalcanzable: es una necesidad. Aprender a defenderlo también para mí ha sido uno de los aprendizajes más honestos de mi vida profesional.

La incomodidad de mirarse demasiado

Hay una incomodidad que sí ha traído la TO a mi vida personal y quiero nombrarla: a veces analizo demasiado. Me pregunto si lo que hago tiene sentido, si está alineado con quien quiero ser, si mis roles actuales me representan.

Eso puede cansar. Pero prefiero esa incomodidad a vivir en piloto automático.

Porque al final, lo que la terapia ocupacional me ha dado no es tener todo resuelto. Es saber qué preguntas hacerme:

• ¿Esto me da identidad?
• ¿Me equilibra?
• ¿Tiene sentido para mí ahora?

Si quieres saber más, contacta con Carmen